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dc.contributorSequeira, Jazmín
dc.contributor.advisorCismondi Duarte, Carolina
dc.contributor.authorCriolani, Sandra
dc.date.accessioned2020-03-26T21:21:18Z
dc.date.available2020-03-26T21:21:18Z
dc.date.issued2018
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/11086/15096
dc.description.abstract“Si tantas son mis posibilidades de ser, ¿por qué he de elegir sólo una? La premisa principal de esta investigación se funda en el pensamiento de que todas las personas tenemos una “máscara social”, que nos ayuda a poder pertenecer a nuestro entorno y que mostramos a la sociedad. Pero esa máscara es una especie de “cascarón” que esconde partes ocultas de nuestro ser, que difícilmente sean reveladas (al menos conscientemente). La persona del actor tiene su propia “mascara social”1. Y el hecho de vincularnos, los actores, con la actuación tiene que ver con la necesidad y el deseo de dejar de ser y de comportarnos como lo hacemos en la vida cotidiana (con la propia máscara social). El texto y/o el personaje escrito son un “otro” que nos dan la oportunidad de dejar de ser nuestra máscara, al menos por un tiempo y un espacio determinados, para encontrarnos con otras partes de nuestro ser que se esconden detrás de ella, y que están pidiendo a gritos salir a la luz. Primeramente, algo que me resulta importante y necesario aclarar, es que mi posicionamiento en esta investigación hace eco de la realidad laboral que vivo desde hace varios años como actriz en Buenos Aires, desarrollándome en teatro, publicidad, televisión y cine, donde comprender los mecanismos actorales de la poética realista es de un gran valor para mi práctica profesional. Por lo que, en los últimos años he puesto el foco de mi formación actoral en el estudio de dichos mecanismos, especialmente de la mano de Augusto Fernández2. Y también me resulta interesante agregar que comparto ese ámbito de formación con Sofía González, coautora del texto “La patada del camello” y actriz, y con Ernesto Domínguez, director de esta obra. Cuando comencé con este proyecto de investigación, ya sabía que lo que iba a hacer partía del trabajo con un texto escrito, “La patada del camello”, de autoría propia.3 Al principio no tenía bien en claro cuál era el foco concreto de investigación. Luego me di cuenta de que mi interés estaba centrado en cómo la actuación es un oficio que “penetra” en la vida personal del actor, porque es la propia existencia humana la que entra en el juego de “actuar”. Y por supuesto, esta existencia humana no es algo sencillo ni fácilmente descifrable, como tampoco lo es el vínculo que cada actor/actriz establece con la actuación. Yoshi Oída (2008) dice que: En términos de la actuación, creo que el ser humano encierra este tipo de belleza tan misteriosa. No siempre es lógico ni coherente. Incluso en la vida real, podemos pedirle a nuestro amante que se vaya, pero cuando ya se ha ido, nos preguntamos por qué decimos esas cosas. En realidad no queríamos que se fuera. Tal vez un psicólogo pueda analizar por qué hemos hecho una cosa tan extraña, pero no estoy seguro de que obtengamos la respuesta correcta. Siempre hacemos cosas extrañas y nunca acabamos de saber por qué las hacemos. Es por eso que es tan interesante encarnar a distintos personajes y, a través de ellos, descubrir qué misteriosa es la vida humana.4 Considero que los actores deseamos y necesitamos “ser otros”, descubrir a través de los personajes, como dice Yoshi Oída (2008), cuán misteriosa es la vida humana, y tener experiencias distintas a las de nuestra vida cotidiana, tal vez porque ésta no nos satisface lo suficiente. Y tal vez no nos satisface lo suficiente porque estamos acostumbrados a mantenernos en los límites de “ser nuestra máscara social”, de ser lo que mostramos y creemos que somos, y nada más. Entonces la actuación nos da el permiso para “desenmascararnos” y vivir en el escenario otras y nuevas experiencias de ser. Experiencias que tienen que ver con el vínculo, el encuentro: entre la persona del actor y el personaje o el texto; y el encuentro indispensable del teatro, que es el del actor con el público, en el momento presente, vivo y efímero de la actuación en el teatro. Podemos decir que estos encuentros, estos vínculos (actor- texto, actor-personaje, actor- espectador) son estímulos que no sólo permiten desenmascararnos, sino que además, como dice Jean- Frédéric Chevallier (2011), son “anclas”, espacios que funcionan cuales plataformas de deseo que nos abren a nuevas experiencias, las potencian y elevan por sobre las experiencias cotidianas, y amplifican el presente: Anclar consiste en intensificar el presente para volver más activo el estar y así dar deseos de hacer más: mirar más, mirar todo. (…) el ‘hay más de lo que hay’ abre a la experimentación de ‘un presente desmedidamente agrandado’ (Sarraute 1996b, 1693), de un presente vivo. 5 Entonces, puedo decir que con este trabajo planteo aspectos de una búsqueda artística y filosófica, un tema que tiene como eje central el vínculo entre la persona y la actuación: entre la persona y su “ser actor”, es decir, tener la experiencia de un personaje, de un “otro” que no es sí mismo. Y aquí se nos presentaron algunas cuestiones que nos siguen movilizando, en tres ejes de vinculación posible: el espacio vincular y la existencia (o no existencia) de límites entre la persona del actor y la actuación, es decir, ¿cómo nombrar ese vínculo, cómo identificarlo o definirlo, siendo ambos (persona y “actor”) el mismo cuerpo, misma psiquis y misma fuente de emocionalidad?, ¿puede definirse una frontera entre la persona del actor y la actuación?, ¿cómo funciona?, ¿qué intercambios, qué vínculos, qué espacios habilita esa frontera?; el vínculo entre el personaje escrito y el personaje teatral, llevándonos a pensar en que, si el personaje escrito no es teatral (ya que el teatro es acción y presencia), ¿qué significa “construir” un personaje teatral?: ¿qué es lo que el actor hace o deja de hacer para que eso que está en el papel pase al escenario cobrando vida?, ¿es lineal y preciso ese traspaso que el actor media entre lo literal del texto y lo corpóreo de lo teatral?; y, como último eje de cuestionamientos, planteamos el vínculo entre el actor (persona real) y el personaje (identidad teatral), o sea, ¿cuál es la vida que le da el actor al texto?: ¿su vida interior?, ¿su experiencia de mundo?, ¿sus deseos? ¿Qué es lo que del texto estimula al actor y penetra en él ofreciéndole una nueva experiencia de mundo, ampliándole la vida? Creo que no existen recetas ni generalidades para estas cuestiones. Se trata entonces de investigar y descubrir, cómo estos interrogantes operan en los actores y en el proceso de creación de “La patada del camello”.es
dc.language.isospaes
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/*
dc.subjectteatroes
dc.subjectidentidad actorales
dc.subjectLee Strasberges
dc.subjectKarina Mauroes
dc.subjectmáscara sociales
dc.subjectCarl G. Junges
dc.subjectsombraes
dc.subjectconstrucción del personajees
dc.subjectpoética realistaes
dc.subjectla patada del camelloes
dc.titleEl espacio vincular entre la persona y la actuación en el trabajo sobre un texto dramático. ¿Cómo funciona la máscara social en ese vínculo?es
dc.title.alternativees
dc.typebachelorThesises
dc.description.filCriolani,Sandra Melisa. Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Artes. Departamento Teatro.es


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